Con 22 años empecé a currar de camarero en un restaurante como para turistas en Gibraltar. No sabía qué hacer así que para no hacer nada dije, pues me pongo a currar en lo que sea, total...
Que un día estaba currando y había muchísima gente, mucha gente esperando, yo llevaba la lista por orden para ir sentando a la gente, creo que era un sábado por la noche en verano, y en una de éstas, un negro enorme con una mujer, hablando con acento americano, me pregunta si hay mesa, le digo eso, que le apunto y tal, y me dice no tío, toma a ver si me consigues una mesa rápido - y me pasa disimuladamente un billete de, no me acuerdo, cincuenta euros, o cinco mil pesetas... no sé si ya habían entrado los euros, pero algo así.
Ni que decir tiene que los senté en menos de un minuto y los traté como si fueran los jeques de Arabia. Currando de camarero, esto sólo me ha pasado una vez, ¿pero no es como de película? jajaja yo aceptando sobrnos, estoy corrupto.
Otro día, trabajando es Sotogrande, puf, ahí sí que hacíamos locuras... Es un sitio bastante pijo en el puerto de Sotogrande, la gente suele ir a ahí porque veranean ahí y tienen pasta aunque mucha gente de los pueblos también va, pero el ambiente es ese, de pijerío, bueno... en verano, aquello se pone a reventar, y estamos en la misma situación: gente esperando de pie y yo con mi lista. En fin, que una mesa ya me paga, al rato se levantan y se van y me pillaba con la bandeja a tope así que descargo en la barra y cuando vuelvo a los 30 segundos, veo a una mujer con 3 niños sentada en la mesa, con toda la mesa aún por recoger. Así que me acerco y le digo tranquilamente, con tono de disculpa:
-Perdóneme señora, pero aún no puede coger la mesa, es que tengo una lista porque hay gente esperando y... -me interrumpe, hablándome sin mirarme
-No, la mesa es para nosotros.
Recojo todo lo de la mesa, la limpio y me marcho a soltarlo, esperando que se enfriaran los ánimos. Y al volver le digo:
-Lo siento -continúo en mi tono de solemnidad- pero tiene que levantarse por favor, perdóneme por hacer que se levante, pero dígame su nombre e intentaré conseguirle una mesa cuanto antes, se lo prometo.
-No, no me pienso levantar de aquí.
Entonces le digo, mientras cojo la mesa en peso
-Pues si no usted no cede la mesa, me veo obligado a quitársela yo -y me doy la vuelta con la mesa cogida con fuerza y gallardía pero sin malos modos, me la llevo a otra esquina de la terraza le pongo cuatro sillas y siento a las personas que le tocaban. Es que a veces tengo una personalidad y hago unas locuras así de improviso que me sorprendo yo mismo jajajajaja. Mis compañeros flipaban, e incluso el encargado era de los que les gustaban ese tipo de cosas locas, y además yo sabía que si había algún problema me iba a respaldar, por eso no tuve ningún problema en hacerlo, que estoy loco pero no como para perder el curro por hacer la gracia.
Digamos que la ley estaba de mi parte jajaja.
Además de dejarla con la boca abierta y sin saber qué hacer, le regalé una anécdota que podrá contar toda su vida (aunque no sé si con el tiempo le llegaría a hacer gracia jajajajajjaa).
Así que la próxima vez ya sabéis, es mejor que me déis unos cuantos pavos.
Ya iré contando más anécdotas tal vez.


2 freestyles:
Me ha encantado la nueva forma que tienes de escribir :D Estoy esperando nuevas entradas jeje Un beso!
Yo también trabajo de camarera. Si alguna vez le quito la mesa a una clienta seguro que me pondrían de patitas en la calle. Pero, sinceramente, me encantaría poder hacerlo alguna vez, tiene que haber sido un gustazooooo...
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