Joder qué feo salgo, ahora que me fijo.
Bueno, imaginaos a una gótica del infierno con botas de esas que si te dan una patada te matan, tirando de un carrito con una niña medio-japita, y tres frikis de escolta, yo incluido, hablando en japonés a la niña en plan "Rinka-chan, genkiiii?, kawaii yooo, rinka-chan.. Supein ga sukii?" y demás ñoñadas a las que por supuesto se negaba a contestar porque apenas habla aún.
A Rinka le gustó mi gorra y jugamos un rato a ponernos la gorra, pasárnosla, ponérsela, hacer como que me la daba para luego quitarla (me vacilaba, la tía!), en fin, que lo pasamos muy bien y creo que le caí bien, jajaja. Tiró tres chupetes al suelo ante el desconcierto y ligero cabreo de la madre primeriza.
Intentaré volver a verlas antes de que vuelvan a Japón a finales de junio.


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